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Sencilla y afable, de Dios figura humana, Cristo en llagas resucita. Las huellas de su muerte son portales de esperanza que se abren a todos los que sufren. El don del Evangelio se manifiesta en el dolor y triunfa en nuestra entrega: abandonándonos afirmamos nuestro nacimiento y juntas optamos por una vida nueva. La misma compasión de Dios entre nosotras resplandece, llamadas a ser curadas y a curar, con esa Luz que los rasgos de Cristo enciende en nuestros rostros y en el rostro de los necesitados. Y así el Creador vuelve a crearnos, pues moldeadas estamos a su imagen, Cristo, nuestro Centro, atrayéndonos a todas Buen Socorro nos ha llamado. |
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